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Bocados de Tecnología

mp3 Acuático Speedo

Para los nadadores, para los surferos, para los que se mojan, para los que se tiran a la piscina, para los que se refrescan en la playa, para los que se relajan el spa,… al estilo de la ingeniosa campaña argentina de Coca-Cola quisiera empezar a comentaros cómo fueron mis peripecias con el decepcionante artilugio ofrecido por Speedo para disfrutar de la música en el líquido elemento.

Capítulo I. La Compra.

No resultó tarea fácil. Tras enterarme por un par de blogs del lanzamiento y por otros de las escuetas impresiones de algunos usuarios, pensé para mis adentros que por fin habíamos dado con la piedra filliosofal de los reprodutores de música acuáticos: si Speedo es capaz de fabricar bañadores espaciales que permiten batir récords del mundo semana sí, Olimpiada también,… lo de adaptar un reproductor mp3 al H2O debía ser pan comido. Así que, tras preguntar en El Corte Inglés más cercano y obtener la respuesta hiper-aprendida: “lo hemos tenido pero no nos queda, tenemos que recibir,…” me dirigía a Decathlon y vi que la respuesta “nos han llegado 4 pero los hemos vendido todos” tenía más visos de realidad. Me dijeron que la semana que viene, pero no fue ni la siguiente ni la posterior de la siguiente, pero sí a la 4ª. No pedí asesoramiento porque “lo que no es Decathlon no lo podemos probar (error = horror)”.  Cola – Visa – Salida tienda = OK.

Capítulo II. Desempaquetando.

Lo primero, mi enhorabuena para aquellos que son capaces de meter en una caja tan pequeña, todo el material que aparece en la foto: ¡Filpante! Cuando lo tuve que devolver mi misión para re-meterlo en esa diminuta, minúscula, pitufil caja fue sencillamente imposible. Me pareció todo correcto: el reproductor en carcasa de plástico, cable USB para el ordenador, mini CD de Software para ordenar la lista de reproducción, capacidad de 1 GB más que suficiente para el tiempo que aguanto nadando, y auriculares… adaptadores para distintas orejas,… bueno ya veremos…

Capítulo III. Cargando y probando.

Lo de pasar las canciones y ordenarlas con el sofware que traía el aparato no revistió ninguna complicación. La cosa cambió cuando me decidí a probar que tal se oía. Cambió sobretodo cuando intenté calzarme los auriculares: no me tengo por Dumbo ni por un reptil, pero creo que ni a unos ni a otros les resultaría fácil ponerse esos cascos. Primero te tienes que poner una especie de tapón que en mi caso llega casi hasta la garganta pero es que lleva indisolublemente unido un auricular que hay que sujeta por detrás de la oreja y mi sensación era que o conseguías una cosa o la otra pero ambas!!! Bueno, más vale maña que fuerza siempre me recordaba mi abuelo, y al final conseguí el objetivo dual: el tapón dentro del oído y el soporte por detrás de la oreja, pero pensé: “con las prisas que tengo cuando voy a la piscina, es un tiempo que no tengo”.

Capítulo IV. En el meollo.

Con la prueba del Capítulo III empecé a sospechar que iba a una muerte segura. Al día siguiente, con cierto optimismo (“Escuchar música mientras te deslizas por el agua será una experiencia flipante”) me dirigí a mi polideportivo de referencia sin prisas. Me planto delante de mi carril y pausadamente intento repetir la mecánica de colocación que había perfeccionado en casa. El resultado me pareció suficiente para zambullirme. Ya en remojo, acciono el dispositivo y… nada, subo el volumen al máximo y… nada, compruebo que todo esté bien apretado y… nada, muevo y remuevo los cascos aún a reisgo de agujerearme el tímpano y… algo, un sonidillo a lo lejos, en lontanza, a Km’s de distancia de donde yo pudiera oirlo, y sólo por la vía derecha y eso que no soy sordo del oido izquierdo. El tiempo me empezaba a agobiar y me digo: “sabes que pasa, que esto se autoajustará en cuanto haga un par de largos porque esta gente de Speedo debe habe pensado en todo, y zas…” 500 metros pero… nada, otros 100 metros y… poco más,… un poco de vaivén de sonido en el auricular izquierdo pero nada digno de ser tenido en cuenta. Total: 2000 metros y música inexistente, no oí ni la batería de los temas para poder coger un poco de ritmo,… cero pelotero.

Capítulo V. Epílogo.

Cuando compré ya pregunté si admitirían la devolución, así que el camino estaba claro: 99 € debían proporcionarme otra satisfacción. Volví a Decathlon y fueron impecables en admitir mi decepción. Señores de “Es-pi-do”, ya que me ponen el juego de palabras a huevo “Les-pi-do” que sean un poco más serios a la hora de lanzar productos al mercado porque clavar 99 € (16.000 pelas de las de antes) por un reproductor que lo único que aporta es que se puede escuchar en el agua debe ser más serio, seguro que el astronauta del “bañador-machaca-récords de 500 €” no fue el mismo que el de este mp3. Éste bate la plusmarca de bluf’s y, en mi opinión, insulta a la cartera ajena al estar a la venta. La idea: buena, la ejecución: bazofia pura…

Capítulo VI. Volveré.

A pesar que me podrían haber devuelto el dinero, soy inasequible al desaliento y pedí el cambio por el Dolphin de Saytes (el mp3 de David Meca) ahuecando 90 céntimos más. Pero esa es otra historia que deberá contarse a su debido tiempo. Esperemos que lo que sea bueno para David sea bueno para mí.

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6 octubre 2008 Posted by | MP3 | , | 11 comentarios